“Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión” es el título formal de los laicos que distribuyen la Eucaristía durante la Santa Misa. En cada celebración de la Eucaristía deberá haber un número suficiente de ministros de la Sagrada Comunión para que pueda ser distribuida de manera ordenada y reverente. Obispos, presbíteros y diáconos distribuyen la Sagrada Comunión en virtud de su oficio como ministros ordinarios del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

Cuando el tamaño de la congregación o la incapacidad del obispo, presbítero o diácono, lo requiere, el celebrante puede ser asistido por otros obispos, presbíteros o diáconos. Si no están presentes esos ministros ordinarios de la Sagrada Comunión: “…El sacerdote puede pedir la ayuda de los ministros extraordinarios, es decir, el acólito legítimamente instituido o incluso otros fieles, que para esto legítimamente han sido designados. En caso de necesidad, el sacerdote puede designar ad actum ( “ad actum” significa “en el acto”, “en el momento”.) a los fieles idóneos”.

La persona llamada a ser un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión debe tener un sentido de reverencia por la Eucaristía que es evidente para todos a través de su comportamiento, su atuendo y la manera en que distribuyen el pan y el vino consagrados. A través de su ejemplo, el Ministro Extraordinario alienta a una reverencia igual en aquellos que reciben la comunión.

Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión sirven, por invitación del pastor de Cristo Rey. 
LA NECESIDAD DE LOS MINISTROS EXTRAORDINARIOS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

La Instrucción del documento llamado Redemptionis Sacramentum establece que los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión pueden servir durante la Misa cuando un “Sacerdote o Diácono no esté presente, cuando el Sacerdote este impedido por enfermedad, edad avanzada o por alguna otra razón genuina, o cuando el número de fieles que vienen a la Comunión es tan grande que la celebración de la misa se prolongaría indebidamente” (Redemptionis Sacramentum, 158). En estos casos, es apropiado que los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión sirvan. Los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión no deben servir si solamente habrá una breve prolongación de la Misa (Redemptionis Sacramentum, 158). Se le puede pedir a los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión que ayuden en la distribución de la Preciosísima Sangre. Cuando esto suceda, “su número no debe incrementarse más allá de lo que se requiere para la distribución ordenada y reverente del Cuerpo y la Sangre del Señor” (Normas para la distribución y recepción de la Sagrada Comunión bajo ambas clases en las diócesis de los Estados Unidos de América, 28). Los Obispos de los Estados Unidos señalan que, “para evitar opacar el papel del sacerdote y del diácono como Ministros Ordinarios de la Sagrada Comunión se podría, en algunas circunstancias limitar la distribución de la Sagrada Comunión bajo ambas especies, utilizando solo la intinción (sumergir la hostia en el vino) en lugar de distribuir la Preciosísima Sangre del cáliz” (Normas, 24)

REQUISITOS PARA SER UN MINISTRO EXTRAORDINARIO DE LA SAGRADA COMUNIÓN


Aquellos que sean seleccionados para ser Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión deben:
 

1. Tener al menos 18 años. 

2. Ser católicos que hayan recibido la Primera Comunión y la Confirmación y que lleven una vida de fe de acuerdo a la función que será asumida. 

3. No estar sujetos a ninguna sanción canónica legítimamente impuesta o declarada. 

4. Ser reverentes, respetuosos de su fe y del Santísimo Sacramento, y de buen carácter moral. 

5. Si son casados, deben estar en un matrimonio válido de acuerdo con la ley de la Iglesia Católica. 

6. Se debe tener especial cuidado en la elección de los Ministros Extraordinarios que llevarán la Sagrada Comunión a los enfermos. Estas personas deben tener la capacidad de atender a los enfermos de manera compasiva, orante y sensible. Deben poseer madurez psicológica y la capacidad de mantener confidencias, no discutir indiscriminadamente la condición de los pacientes o sus hogares.

LA NECESIDAD DE MINISTROS EXTRAORDINARIOS PARA LLEVAR LA COMUNIÓN A LOS ENFERMOS AL HOGAR O A INSTALACIONES DE SALUD 


Los sacerdotes que tienen a cargos pastorales deben procurar que los enfermos y ancianos puedan comulgar con frecuencia (Cuidado Pastoral de los Enfermos, 72). Estas personas tienen derecho a las visitas periódicas de los sacerdotes, quienes, además de la Sagrada Comunión, pueden ofrecer el sacramento de Penitencia, Unción de los Enfermos, brindar consuelo y asistencia espiritual. Se le puede pedir a los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión que asistan a los sacerdotes y diáconos de una parroquia en su servicio a los enfermos confinados en sus hogares. Esta necesidad de Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión puede surgir cuando la distancia “dificulte la comunión, especialmente como viático para los enfermos en peligro de muerte; o cuando la gran cantidad de personas enfermas, especialmente en hospitales o instituciones similares, requieran varios ministros” (Immensae Caritatis, I). Es particularmente apropiado que la Sagrada Comunión sea llevada a los enfermos inmediatamente después de la Eucaristía del Domingo (Cf. Cuidado Pastoral de los Enfermos, 73). El Domingo, sin embargo, es un día en el que el ministerio pastoral de los sacerdotes y diáconos puede dificultarles el llevar la Sagrada Comunión a los enfermos a su hogar o a los centros de salud. En estas ciscustancias los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión también pueden ser enviados.

FORMA APROPIADA DE RECIBIR LA SANTA COMUNION

Debido a que estamos recibiendo a Cristo mismo en la Eucaristía, los católicos debemos estar en un “estado de gracia”. Un estado de gracia significa estar libres de cualquier pecado grave y vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica. Para los adultos, si son casados, deben estar casados ​​por la Iglesia. Si son solteros, deben vivir castamente. (CCC 1384-1395, 1415) Si uno es consciente de pecado grave, se debe arrepentir y buscar el perdón a través del Sacramento de la Reconciliación (Confesión) antes de recibir la Eucaristía.Debe abstenerse de tomar cualquier alimento o bebida, incluyendo chicle y dulces por lo menos desde una hora antes de recibir la sagrada comunión. Se permite beber agua y tomar medicamentos.

Para recibir en las manos: Para recibir el Cuerpo de Cristo en las manos, después de inclinarse y responder “Amén”, el comulgante extiende ambas manos con una mano toma la otra para formar un trono sobre el cual el ministro colocará la hostia sagrada El comulgante da un paso hacia un lado y consume (come) la Hostia Sagrada al instante.

Qué no hacer:

* Extender solo una mano;
* Mantener ambas manos a los costados
* Arrebatar la Hostia Sagrada del ministro
* Caminar con la Hostia Sagrada sin consumirla inmediatamente. 

Para recibir en la lengua: Para recibir el Cuerpo de Cristo en la lengua, después de inclinarse y responder “Amén”, el comulgante abre la boca y saca la lengua mientras sostiene la cabeza ligeramente hacia atrás. Esto asegura que el Cuerpo de Cristo no caiga de su boca, y que el ministro tenga suficiente espacio para poner el Cuerpo de Cristo en su lengua sin incidentes.

Qué no hacer:

* Abrir muy poco la boca, obligando al ministro a colocar la Hostia Sagrada entre los dientes;
* Agachar la cabeza.
* Mantener la lengua dentro
* Mantener las manos cerca de la cara 

Recibiendo la Preciosísima Sangre: Para recibir la Preciosísima Sangre, se inclina nuevamente y responde “Amén” a las palabras “La Sangre de Cristo”. El ministro le ofrecerá la copa (a los adultos) y el comulgante debe tomar la copa con AMBAS MANOS, y consumir la Preciosísima Sangre. El comulgante debe devolver la copa LENTA Y CUIDADOSAMENTE al ministro con AMBAS MANOS ajustando las manos para que no golpeen las manos del ministro.

Para los niños: Los niños que han recibido la Primera Comunión, también se inclinarán y responderán “Amén” a las palabras “La Sangre de Cristo”. Sin embargo, el ministro puede sostener la copa en la boca del niño para que beba. si el niño es pequeño o la copa es inusualmente pesada.

Qué no hacer:

* Tomar la copa antes de responder “Amén”.
* Tomar la copa con una mano.
* Devolver la copa al ministro con una mano.

Después de recibir la Santa Comunión, se debe regresar al banco con un espíritu de oración, dando gracias a Jesús por el don de sí mismo. Si se canta un himno, los fieles deben unirse para cantar el himno. Si el himno termina, se puede arrodillar o sentar y permanecer en silencio en oración de alabanza y acción de gracias.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿De dónde viene el título de ministro extraordinario de la Sagrada Comunión? ¿Por qué no nos llamamos ministros eucarísticos?

Ministro extraordinario de la Sagrada Comunión es el término apropiado para el ministerio, porque el término “ministro eucarístico” puede aplicarse al sacerdote o diácono, así como a los ministros laicos. El término “ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión” aclara que son “extraordinarios”, o que está fuera de lo común, mientras que el diácono, el sacerdote y el obispo son los ministros “ordinarios” de la Sagrada Comunión. Es un recordatorio de que sirve en esta capacidad solo cuando no hay suficientes clérigos para distribuir la Sagrada Comunión.

 

¿Puede un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión llevar a casa al Santísimo Sacramento y guardarlo allí mientras lleva la comunión a la persona enferma?

No. Nunca es permitido que un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión lleve a casa al Santísimo Sacramento, excepto con el propósito de administrar la Sagrada Comunión a los enfermos de ese lugar.

 

¿Qué es exactamente el ayuno eucarístico?

El ayuno eucarístico para una persona enferma es de quince minutos, si es posible (Immensae Caritatis, III). Si, por alguna razón, esto no es posible, no se requiere ayuno. El ayuno de quince minutos también se aplica a los miembros de la familia católica romana o a los asistentes de salud que están dispuestos y que desean recibir la Sagrada Comunión con la persona a quien se le lleva el sacramento.

 
¿Se puede reservar la Preciosísima Sangre y entregarla a una persona enferma?
 
Sí. “Las personas enfermas que no pueden recibir la comunión en forma de pan pueden recibirla solo en forma de vino. Si el vino se consagra en una misa que no fue celebrada en presencia del enfermo, la sangre del Señor se guarda en un recipiente debidamente cubierto y se coloca en el tabernáculo después de la comunión.La Preciosísima Sangre debe llevarse a los enfermos en un recipiente cerrado de tal manera que se elimine cualquier peligro de derrames. Si queda algo de la Preciosísima Sangre, debe ser consumida por el ministro, quien también debe asegurarse de que el recipiente esté debidamente purificado” (Pastoral Care of the Sick, 74).
 
¿Cuál es el procedimiento adecuado a seguir cuando una persona enferma no puede consumir la hostia?
 
Si una persona enferma no puede consumir completamente una hostia pequeña, se le puede dar una porción más pequeña. Se puede proporcionar un vaso de agua para ayudar a la persona enferma a consumirla. Si la hostia es rechazada, debe ser envuelta en un purificador y llevada a la iglesia o capilla desde donde se envió al Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión. Allí, un sacerdote o diácono debe disolver la hostia en un tazón pequeño de agua. Una vez disuelta, esta agua debe ser vertida en el sagrario.
 
¿Qué es el sacrarium?
 

El sacrarium es un lavabo especial en la sacristía con desagüe directo a la tierra. Se utiliza para enjuagar los vasos sagrados después de ser purificados por el sacerdote, diácono o acólito instituido, para el enjuagar la ropa del altar y para la eliminación de las hostias sucias después de que se hayan disuelto completamente en agua. Por lo general, el sacristán es la persona encargada del uso del sacrarium. Sin embargo, es oportuno que todos los ministros extraordinarios sepan dónde está el sacrarium y para que se utiliza.

¿Qué es un acólito instituido?

Mientras que el término “acólito” se usa a menudo como sinónimo de “servidor del altar”, también tiene un significado más preciso. Antes de las reformas posteriores al Concilio Vaticano II, “acólito” era una de las órdenes menores, pasos en el camino hacia las Ordenes Sagradas. Con las reformas, las órdenes menores fueron suprimidas y “acólito” ahora se considera un ministerio laico. Sin embargo, se limita a los hombres y generalmente se confiere a los candidatos que se preparan para el sacerdocio o el diaconado; sin embargo, un hombre laico también puede convertirse en un “acólito instituido” al ser instalado formalmente en este ministerio por el obispo. En este ministerio, al “acólito instituido” se le permite ayudar con la purificación de los vasos sagrados después de la Sagrada Comunión, así como a funcionar como un ministro extraordinario de la Sagrada Comunión y servidor del altar.

 

¿Quién puede purificar los vasos de la comunión en la misa?

La legislación más reciente establece que solo los sacerdotes, diáconos y acólitos instituidos (por ejemplo, seminaristas y candidatos al diaconado permanente) pueden purificar los vasos de la comunión (Instrucción general del Misal romano, 279). Esto puede ocurrir después de la distribución de la Santa Comunión. Alternativamente, los recipientes que necesiten purificarse pueden dejarse cubiertos con un corporal, ya sea en el altar o en la credenza, y luego purificarse inmediatamente después de la misa (Instrucción general del Misal romano, 163).

 

¿Puede un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión consumir la Preciosísima Sangre que quede al final de la distribución de la Sagrada Comunión?

Sí. Un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión puede consumir la Preciosísima Sangre que quede al final de la distribución de la Sagrada Comunión. El consumo de la Preciosísima Sangre restante debe hacerse con reverencia, en el altar o en la mesa credenza, pero nunca mientras regresa al santuario.

 

¿Es correcto que el celebrante le dé la hostia al Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión antes de su propia comunión en la Misa?

No. Los Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión deben recibir la Sagrada Comunión después de que el celebrante haya recibido la Eucaristía.

 

¿Es apropiado que un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión se acerque al santuario durante el Agnus Dei?

No. Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión no deben acercarse al santuario hasta que el celebrante haya recibido la Sagrada Comunión.

 

¿Es apropiado que un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión vaya al altar y se entregue la Comunión a sí mismo?

No. La Eucaristía siempre debe ser administrada, no recogida y recibida por comunicantes individuales (Instrucción general del Misal Romano, 160).

 

¿Puede un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión ayudar a partir la hostia eucarística?

No. La fracción de la hostia eucarística es realizada por un sacerdote, con la ayuda de un sacerdote o un diácono, cuando sea necesario (Instrucción general del Misal romano, 240).

 

¿Debería un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión dar una bendición a alguien que se presente en la procesión de la Comunión, pero que no desea recibir la Eucaristía?

No. En este caso, un Ministro Extraordinario de la Sagrada Comunión debe dirigir a la persona que desea recibir una bendición al sacerdote o diácono más cercano. En general, se desalienta la práctica de dar bendiciones en el curso de la distribución de la Sagrada Comunión (ver Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, Protocolo No. 930/08 / L).

¿Cuál es el procedimiento adecuado a seguir cuando se cae una hostia o se derrama la Preciosísima Sangre?

“Si una hostia o cualquier partícula de la hostia cae, debe ser recogida con reverencia; y si algo de la Preciosísima Sangre se derrama, la zona donde se produjo el derrame debe lavarse con agua, y esta agua debe verterse en el sagrario en la sacristía” (Instrucción general del Misal Romano, 280).

 

¿Se puede dar la comunión a alguien que desea arrodillarse?

Sí. Mientras que la norma para las (diócesis) diócesis de los Estados Unidos es que la Sagrada Comunión se recibe de pie, un miembro individual de los fieles puede recibir la Comunión mientras está arrodillado (Instrucción general del Misal Romano, 160; Redemptionis Sacramentum, 91).

 

¿Pueden los Ministros extraordinarios de la Santa Comunión desinfectar sus manos antes y después de la distribución de la Santa Comunión?

La política parroquial debe seguirse en estos casos. Si se desea que los Ministros Extraordinarios de la Sagrada Comunión se desinfecten las manos, esto debe hacerse de manera discreta, fuera de la vista de la congregación.    

ORACIÓN PARA

LOS MINISTROS EXTRAORDINARIOS

DE LA SAGRADA COMUNIÓN

Recuerdo con gratitud que se me ha confiado el ministerio de la Eucaristía.

 

Acepto la responsabilidad de ser ejemplo de la vida cristiana en fe y obras. Reafirmo mi deseo de procurar avanzar en santidad por medio del Sacramento de la unidad y del amor. Recuerdo que, aunque somos muchos, somos un solo cuerpo porque compartimos el mismo pan y el mismo cáliz.
 
Reconozco que el ministerio de la Sagrada Comunión requiere que yo observe de manera especial el mandamiento del Señor de amar al prójimo. Cuando el Él dio su Cuerpo y Sangre a los discípulos para que comieran, les dijo: “Este es mi mandamiento, que se amen unos a otros como yo los he amado.”

 

Resuelvo de nuevo asumir el oficio de servir el Cuerpo y la Sangre del Señor a mis hermanos y hermanas y así edificar la Iglesia.

 

Resuelvo de nuevo ser ministro de la Sagrada Eucaristía con gran reverencia y cuidado.

 

Le pido a Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo que me bendiga cuando yo sirvo el pan de vida y el cáliz de salvación al pueblo de Dios, mis hermanos y hermanas en el Señor. Que fortalecidos por este sacramento podamos disfrutar finalmente del banquete del cielo, donde Jesús es Señor para siempre. Amén.